Invierno

Ven de una vez, maldito Invierno. Llevo esperándote tanto tiempo que ni siquiera recuerdo ya desde cuándo te espero. No te temo, no; ni a ti ni a tu viento gélido del norte; sería estúpida, o como mínimo una ignorante, si dejara que me achantaras. Cálame los huesos, Invierno. Hiélame la sangre, necesito estar serena para cuando azote la tormenta; congela mis memorias, son el sustento de mis demonios, y los quiero muertos de hambre; refrigérame el carácter, si sigo así provocaré un incendio en mi alma, y será irreparable. Ven e invítame a acompañarte a través de la taiga.

Invierno de aliento de Luna. Báñame con tus noches, libérame de la esclavitud de la Luz. No quiero ser una estrella; el brillo me consume, me quema. Yo sólo quiero ser sombra, un punto negro y perdido en el cielo. Hazme invencible y frágil; llévate lejos este aire viciado de cordura. Renuévame el alma; llévate lo viejo, el lastre, todo lo que pesa. Hazme ligera. Libre. Eterna.

 

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